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miércoles, 1 de julio de 2009

Hay relación entre cáncer y azúcar

Sabrosos los carbohidratos. Especialmente los simples (presentes en las chucherías), esos que sólo proporcionan calorías y nada de vitaminas o minerales. Pero esos azúcares pueden alimentar las células cancerosas en el organismo, advierte Juan Carlos Méndez, presidente de la Sociedad Venezolana de Medicina Antienvejecimiento. Todo lo refinado, afirma, estimula el crecimiento de las células tumorales, "porque la célula cancerosa consume glucosa para multiplicarse". Joaquín González Aragón, director del Instituto Mexicano de Estudios en Longevidad, atribuye también el aumento del cáncer en décadas recientes ­entre otros elementos- a la ingestión de azúcares refinados. El cáncer está dormido en todas las personas, "y todos los días el ser humano produce 100 células cancerosas, que son eliminadas por el sistema inmune", asevera González Aragón, uno de los ponentes del IV Congreso Iberolatinoamericano y Venezolano de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad, celebrado en Caracas la semana pasada. Con el correr de los años, agrega González, aparecen más células defectuosas que antes, y el organismo no las puede erradicar. Algunas, como si se tratara del coronel Kurtz en la película Apocalipsis Now, forman su propio ejército y dejan de obedecer el programa genético. ¿Por qué, si todos los individuos tienen células defectuosas, no todos desarrollarán cáncer? González sostiene que no se puede desdeñar la genética; la acción de los agentes infecciosos (como el virus de papiloma humano en el carcinoma del cuello del útero); la contaminación atmosférica; la contaminación electromagnética; la comida industrializada, con preservantes, colorantes y saborizantes; las llamadas "emociones tóxicas", como la ira, la rabia, la depresión. Buena mesa. Nutrición sana, actividad física regular, dormir como es debido, recreación, actitud mental y emocional positiva ante el estrés y un buen ambiente en el trabajo y en el hogar son las recomendaciones para atacar el envejecimiento celular, detalla Juan Carlos Méndez. Por eso, una de las medidas que propone es comer bien. Es decir, "alimentarse con frutas, avena cruda, trigo integral. Esto, principalmente, en la mañana. En la tarde no debemos comer carbohidratos, pero sí, proteínas (pollo, pescado, pavo)". Mucho se ha dicho acerca de la cena. Que si debe ser ligera. Que si se comen grasas y carbohidratos, todo pasa a engrosar la cintura y abultar la barriga. El argumento de Méndez es aún más demoledor: "En la noche hay que comer liviano, como ensalada y pescados, para que el cuerpo se recupere y pueda producir las hormonas de la juventud (como la hormona de crecimiento, la dehidroepiandrosterona). Si comemos pesado, el hígado se sobrecarga, sufrimos de insomnio y dejamos de elaborar estas hormonas". Las meriendas se han puesto de moda. Y por varias buenas razones. Ya quedó atrás la idea de que se debe pasar hambre para mantener el peso correcto. "Como parte de la dieta antienvejecimiento aconsejamos dos meriendas: una a mitad de la mañana y una a mitad de la tarde. Puede consistir en semillas en pequeñas cantidades (almendras, nueces, pistachos), un yogurt natural". No menos de media hora. Caminar, montar bicicleta, nadar, bailar. Cualquier ejercicio aeróbico es bueno, siempre y cuando se realice por lo menos 3 veces a la semana, y media hora cada vez. Lo de los 30 minutos no es capricho; según Méndez, es después de la media hora que se fabrican las hormonas de la juventud y se tonifican los músculos. Se puede combinar con yoga, taichi, levantamiento de pesas. Cuando no se practica una actividad física con regularidad, el cuerpo se acostumbra al sedentarismo y los tejidos y órganos no cuentan con buena oxigenación y nutrición.

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