Los expertos en medicinas "consideradas todavía alternativas" asistentes al foro intentaron demostrar que "no hay nada a nivel científico que demuestre que los productos químicos curan el cáncer", según aseguró José Antonio Campoy, presidente de la Asociación Mundial para la Intervención del Cáncer, organizadora del evento.
El cuidado de las defensas
Según Campoy, a diferencia de los tratamientos ortodoxos contra el cáncer -cirugía, quimioterapia y radioterapia-, "existen otros muchos basados, principalmente, en el cuidado de las defensas".
Una de las ponencias que despertaron más interés fue la del doctor Alberto Martí Bosch, quien expuso el caso de una mujer española de 31 años a la que, tras dar a luz y operarse de un tumor en el cerebro, los médicos desahuciaron en el departamento de Oncología de una conocida Clínica del norte de España.
Martí Bosch atendió a la paciente en su consulta y aseguró que, "en sólo tres meses, y gracias a un tratamiento integral se le han reducido los tumores que se habían extendido por el cerebro, el hígado y los pulmones".
Este médico naturópata trabajó muchos años con niños como oncólogo pediátrico hasta que dados los escasos resultados que obtenía con los tratamientos convencionales y, sobre todo, viendo día a día el enorme sufrimiento que con ellos les causaba abandonó definitivamente su práctica.
Veinte años después y tras formarse ampliamente en disciplinas que no se enseñan en las facultades de Medicina, Martí Bosch asegura que aborda el cáncer "de una forma holística, es decir, de forma integral y teniendo en cuenta ante todo el principio hipocrático de 'Lo primero, no hacer daño'".
"Este tratamiento -agrega- tiene en cuenta los aspectos psicológico y emocional además del físico, ámbito éste en el que desintoxicar, resolver posibles carencias vitamínicas, minerales, ortomoleculares, enzimáticas y hormonales potenciando así el sistema inmune y equilibrar el organismo bioenergéticamente son pasos siempre útiles y necesarios".
Un futuro distinto
La doctora Natalia Eres, oncóloga clínica en excedencia, tras pasar por la práctica oncológica diaria en un hospital, apuesta ahora por abrir los tratamientos convencionales a aquellas medicinas complementarias que han demostrado eficacia clínica.
Eres está convencida de que, "en pocos años, la quimioterapia como hoy se entiende y practica habrá desaparecido y se tenderá a combinar fármacos más específicos y menos tóxicos con remedios naturales cuyos mecanismos de acción se hayan confirmado clínicamente".
"¿Y si lo que llamamos cáncer no fuera una enfermedad sino un proceso biológico natural de defensa que aún no hemos logrado entender?", se pregunta por su parte Coral Mateo, presidenta de la Sociedad Española de Homeopatía Veterinaria, quien después de muchos años de tratar tumores en perros ha llegado al convencimiento de que estas patologías "constituyen un mecanismo que el organismo pone en marcha una vez agotados sus mecanismos habituales de desintoxicación".
A partir de esta teoría, "el cuerpo comienza a desarrollar tejidos nuevos para depositar en su interior los residuos tóxicos con la intención de aislarlos y destruirlos antes de que lleguen a la sangre y se vuelvan mortales".
"La solución -concluye-no pasaría pues por destruir los tumores sino por tratar la intoxicación de base que sufre el cuerpo".
Deficiencia nutricional
Para el médico alemán Gottfried Cornelissen, el cáncer es "consecuencia de un daño sostenido sobre el metabolismo de las mitocondrias, resultado tanto de una deficiencia nutricional como del impacto de los tóxicos sobre ellas".
La transformación mutagénica del ADN sería por tanto efecto y no causa de la célula tumoral. Para él "basta reforzar el sistema inmune con suplementos adecuadamente testados para cada paciente, equilibrar el sistema hormonal y eliminar los materiales tóxicos del organismo para evitar entre el 60 y el 80% de los desarrollos tumorales".
En su consulta de Rostock, este naturópata germano complementa sus tesis con un aparato de diagnosis y tratamiento por biofrecuencias -el MORA- capaz de testar y corregir desequilibrios antes de que produzcan daños en las mitocondrias.
El doctor Ángel Borruel, miembro de la Asociación Española de Médicos Naturistas, lleva por su parte 17 años utilizando el muérdago para tratar el cáncer con resultados que él mismo califica de "buenos".
"Está constatado que la planta mágica de los druidas -manifiesta- refuerza el sistema inmune, inhibe los oncogenes que estimulan la angiogénesis y provoca la apoptosis de las células cancerosas además de mejorar la calidad de vida del paciente".
Los "adaptógenos"
El "padre" de la Medicina Sistémica, el venezolano José Olalde, basa sus tratamientos en distintas combinaciones de adaptógenos -sustancias externas al organismo, generalmente plantas- que incrementan, paralelamente o por separado, "la inteligencia biológica, la energía y la organización del organismo", mejorando así su potencial de supervivencia, y sin efectos secundarios.
El médico español de origen libanés Raymond Hilu se apoya en la aplicación de la "hipertermia regional profunda" para tratar el cáncer pues, según su teoría, "las temperaturas superiores a 42° C dañan irreversiblemente la microcirculación tumoral. Además, al aumentar la vasodilatación e incrementar la circulación sanguínea se consiguen numerosos efectos indirectos como la reducción de la acidez extracelular, la mejora del metabolismo y de la respuesta inmunológica, así como una más fácil eliminación de desechos tóxicos".
El doctor Miguel Ángel Ibáñez, que compagina la investigación en el ámbito de la bioquímica en la Universidad de Barcelona (noreste de España) con la práctica de la medicina biológica, hace apenas unos meses presentó en la Universidad de San Diego (EE.UU.) un trabajo realizado junto a la Universidad de Stanford en el que describe nuevos mecanismos de acción de la vitamina C.
Y es que, tras centenares de casos tratados con vitamina C intravenosa, no tiene dudas de su eficacia en casos de cáncer y otras patologías degenerativas. "Aplicada mediante goteo -dice- no sólo tiene efecto antitumoral sino también antidegenerativo".
Asimismo, Ibáñez advierte de que se trata de un "potente antihistamínico y antiinflamatorio, y evita que el estrés oxidativo producido por los radicales libres induzca degeneración y destrucción celular".
Bicarbonato e imanes
El oncólogo italiano Tulio Simoncini sostiene que para tratar el cáncer "lo mejor es utilizar algo tan simple como bicarbonato sódico diluido en agua destilada porque alcalinizando la zona de un tumor se consigue contrarrestar el entorno ácido en el que se desenvuelve y detener su crecimiento".
El experto asegura que la principal causa del cáncer -y de la acidificación- es un hongo que debe eliminarse del organismo: la Candida Albicans.
El médico mexicano Isaac Goiz defiende, por su parte, que "toda patología se inicia en dos puntos relacionados -Par Biomagnético- en uno de los cuales existe acidificación mientras en el otro se produce alcalinización. Y eso hace que en uno se acumulen los virus y hongos, y en el otro las bacterias y parásitos".
En consecuencia, según su experiencia, "bastaría con colocar dos simples imanes de una potencia superior a mil gauss sobre esos puntos para neutralizar el pH, con lo que los microorganismos pierden su capacidad patógena".
Goiz considera además que la mayoría de los casos que se diagnostican como cáncer no lo son ya que a su juicio sólo son verdaderos "aquellos en los está presente el bacilo de la lepra".
Por último, el profesor Diego Armesto, catedrático de Fotoquímica Orgánica en la Universidad Complutense de Madrid, advierte de las ventajas de la terapia fotodinámica en el ámbito de la oncología.
"Consiste en aplicar una fuente de energía lumínica a determinada longitud de onda sobre un tejido previamente fotosensibilizado, lo que genera gran cantidad de radicales libres y derivados del oxígeno lo que, a la vez que refuerza el sistema inmune y provoca la apoptosis tumoral al destruir sus vasos sanguíneos. Todo ello sin riesgo de diseminar el cáncer en los tejidos adyacentes".
Armesto asegura que esta terapia "es eficaz, no causa problemas a largo plazo y aunque se utilizó para tratar el cáncer por primera vez hace ya más de cien años hoy sigue siendo la gran ignorada por la oncología convencional".
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