lunes, 26 de enero de 2009
Pacientes con degeneración macular pueden recuperar visión
SANTO DOMINGO.- La degeneración macular asociada con la edad, cuarta causa de ceguera en el país, ya no es una condena de pérdida progresiva o permanente de la visión, gracias a un descubrimiento científico capaz de devolver la agudeza visual perdida.
Hasta 2004, año en que la Food and Drug Administration (FDA), de Estados Unidos, aprobó el uso de una sustancia conocida como Bevacizumab en la degeneración macular, el éxito de los tratamientos disponibles hasta el momento era escaso.
Se recurría a la fotocoagulación con láser, que dejaba lesiones; y a la terapia fotodinámica, costosa y no curativa. Sin embargo, los experimentos oftalmológicos con Bevacizumab realizados por el doctor Phillip Rosenfeld, principal investigador del Bascom Palmer Eye Institute, de Miami, Estados Unidos, han permitido detener e incluso revertir la enfermedad.
“Hemos tenido pacientes que han recuperado su visión 20/20. Otros disfrutan de un 80 por ciento de agudeza visual. Todo depende de la expansión del daño, del diagnóstico temprano, pues si el paciente ha sangrado, el beneficio es más limitado”, explica el retinólogo Juan Lorenzo Ubiera, de la Fundación Centro Láser.
Ubiera expone que la terapia con Bevacizumab está disponible en el país a un costo mucho menor que en Estados Unidos. Son inyecciones intraoculares con anestesia tópica y, por tanto, indoloras; y constituyen la única opción capaz de detener e incluso revertir el proceso de neovascularización característico de la degeneración macular.
Sostiene que el Bevacizumab (nombre no comercial de la sustancia activa) es el mejor medicamento contra la formación anormal de vasos sanguíneos. Fue utilizado inicialmente en el tratamiento del cáncer de colon, pero tiene actualmente múltiples aplicaciones médicas debido a sus benéficas propiedades.
Las personas mayores de 50 años, especialmente de raza blanca, pueden padecer de degeneración macular, afección caracterizada por la descomposición parcial del epitelio pigmentario de la mácula o parte de la retina que permite al ojo ver detalles finos en el centro del campo visual.
El epitelio pigmentario es la capa aislante entre la retina y la coroides o capa de vasos sanguíneos ubicada detrás de la retina. Normalmente, el epitelio pigmentario mantiene alejados muchos componentes de la sangre dañinos para la retina.
Si su descomposición interfiere con el metabolismo de la retina, causando su adelgazamiento, es denominada degeneración macular “seca”. Cuando hay filtración de líquido y formación anormal de nuevos vasos sanguíneos, es llamada “húmeda”.
“La enfermedad es padecida por unos 15 millones de personas en Norteamérica. Aquí, es la cuarta causa de ceguera, tras la catarata, el glaucoma y la retinopatía diabética. Se desconoce su origen, aunque han sido idenficados genes predisponentes”, afirma Ubiera.
El retinólogo de Centro Láser indica que la degeneración macular “seca”, la cual presenta el 85 por ciento de los pacientes, es mucho más difícil de tratar que la “húmeda”, donde los vasos permiten el paso de líquidos y elementos sanguíneos que favorecen la multiplicación de dichos vasos, en un círculo vicioso.
Al ser la mácula el centro de la retina donde radican las células especializadas en la visión, los fotorreceptores, en ella recae el 95 por ciento de la función visual. Una lesión en la mácula significa una pérdida de visión del 90 ó 95 por ciento.
“El paciente ve distorsionado, como a través de una gota de aceite. Cuando se le examina, la mácula aparece con una lesión gris verdosa, con cierta elevación. Una angiografía, o fotografía de los vasos sanguíneos de la retina utilizando medios de contraste, confirma el diagnóstico”, agrega Ubiera.
Añade que toda persona mayor de 50 años con una mancha negra, punto ciego, distorsión o deformidad en el centro del campo visual; o que vea inclinadas las líneas rectas, los edificios torcidos y las caras extendidas, debe sospechar de degeneración macular y acudir inmediatamente donde un retinólogo; en especial, si hay antecedentes familiares de la enfermedad.
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