viernes, 24 de abril de 2009
Arte y medicina hacen milagros
Dallas- Los asombrosos resultados obtenidos en diversos centros médicos de Estados Unidos, en los cuales se utiliza música, pintura, literatura, danza y teatro para rehabilitar a niños, jóvenes y adultos víctimas de accidentes -así como enfermedades que requieren hospitalización prolongada debido a padecimientos diversos: diabetes, cáncer, SIDA, etc.-, han concientizado a numerosos grupos del extraordinario poder curativo que ejercen las artes. La combinación de los medicamentos ofrecidos por la ciencia y el arte, ejercen un poder increíble de sanación. El adolescente Abraham Daniel cayó de un edificio de tres pisos. Después de permanecer un mes en estado de coma despertó parapléjico: no podía controlar ninguna de sus extremidades. Terriblemente desesperado, se atormentaba creyendo que para él todas las puertas estaban cerradas. Renegaba de su destino, maldecía. ¿Cómo devolverle la fe hacia Dios y hacia los hombres? Bajo la dirección de Hill Richards, director de los talleres de Bellas Artes integrados al Centro de Traumatología del Hospital de Harlem, Abraham logró controlar el violento temblor de las manos lo suficiente para poder pintar. A través del riguroso programa y a medida que mejoraba, el maestro le proporcionó nuevos retos. Una tarde no lograba alcanzar el cielo que trazaba en el lienzo y, en completa concentración ¡se puso de pie y siguió pintando! Después advirtió que podía caminar.
Hospitales en muchas partes del mundo han incorporado la música y el arte al cuidado de los pacientes. Los más sofisticados centros hospitalarios universitarios introducen el arte en los programas médicos, e invitan a músicos y a artistas a trabajar con los pacientes. Definitivamente logran un verdadero cambio en el ambiente hospitalario.
Estos programas llevan a los artistas y músicos directamente a la habitación del paciente. Los pacientes experimentan la alegría y el embeleso de la música, disfrutan la belleza de una pintura y, cuando les es posible, bailan con los artistas o pintan con los pintores. El arte y la música rompen el espacio estéril del miedo en que viven y se abren al gozo del espíritu. El espíritu, liberado de temores, ayuda poderosamente a sanar el cuerpo. El reemplazar el miedo por la esperanza es la esencia de la medicina moderna.
En la Universidad de Nueva York, la Clínica Nordoff-Robbins utiliza la música para ayudar a los niños con una variedad de problemas, desde parálisis cerebral hasta síndrome de Down. Los resultados son increíbles:la disciplina de la música da un sentido de orden al desorganizado mundo interior de los pacientes. Existe una estrecha relación entre la música y las matemáticas. A través del estudio de estructuras rítmicas, las fracciones cobran sentido. Aseguran los científicos que aún antes de que el bebé pueda hablar, la música ayuda al desarrollo básico del cerebro porque estimula la actividad neurológica. La danza y el teatro ayudan a los niños con problemas de aprendizaje porque logra sacarlos de la concha pasiva y protectora tras la cual suelen esconderse. Un niño autista, perdido dentro de sí, que jamás había pronunciado palabra ¡se puso a conversar perfectamente con los títeres!
Las artes pueden ser una fuente incalculable de sabiduría. El reconocido biólogo Louis Agassiz afirma que para comprender un organismo vivo o para resolver un problema, primero se dibuja: “Una pintura puede expresar más que dos mil palabras”. Un niño paralítico presentó una investigación de Biología sobre himenópteros de manera original y conmovedora: él asumía el papel de una hormiga y, con dibujos y poemas, contaba sus correrías por túneles subterráneos diseñados por él. Así escapa de su silla de ruedas a través de la imaginación. Se ha comprobado que cuando se logra tocar las fibras más sensibles del corazón humano a través de las Bellas Artes, la persona descubre que su espíritu tiene alas y que puede imaginar otros mundos y que, inclusive, puede transformar su realidad.
Lo que debemos temer en ésta época de frustración existencial, no es el exigirnos demasiado, sino exigirnos demasiado poco. Es imposible existir en un espacio sin sentido, sin esperanza, así como en un espacio sin aire. A través de las Bellas Artes es posible alcanzar, aún en la enfermedad, las regiones más transparentes del espíritu donde radican los valores eternos, esos que le dan al hombre su nombre: amor, belleza, bondad, verdad, justicia y libertad.
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