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martes, 10 de febrero de 2009

Desmitificando el cáncer

PARTIENDO de la conocida idea de que Dios creó el mundo en el mismo instante en que le puso nombre a las cosas, podemos añadir que fue entonces cuando comenzaron a emerger las palabras, poniéndose éstas en la boca de los seres humanos; los cuales aprendieron pronto que el dominio y el conocimiento del lenguaje les otorgaba una forma de poder, diferenciándolos de aquellos otros que no controlaban el significado y la fuerza que las palabras tenían. Igual que existen palabras que te hacen reír, otras, en cambio, te pueden hacer llorar; unas te animan y otras te impactan hasta hacerte daño. Hasta ahora, la palabra cáncer tenía unas connotaciones trágicas que presagiaban dolor y muerte; pero los avances científicos están logrando que el cáncer deje de ser una enfermedad temida, para convertirse en una dolencia que cada vez tiene más probabilidad de curación y, por consiguiente, más posibilidades de esperanza, al haber cada vez más y más pacientes que conviven con la enfermedad con mejor calidad de vida y durante más tiempo. Por ello, es conveniente desmitificar la palabra cáncer, disminuyendo en lo posible, y con la ayuda inapreciable de todos los agentes implicados -pacientes, familiares, investigadores, personal sanitario, medios de comunicación y público en general-, los atributos negativos que la palabra en sí misma pueda tener. Para ello, es de vital importancia pensar que también la palabra nos puede servir como herramienta para curar, si no totalmente, al menos para predisponer el ánimo y los sentimientos para armonizar en lo posible el equilibrio deseado entre el cuerpo y la mente, que no es poco; procurando de esta forma tranquilidad, seguridad y confianza, tanto al paciente como a sus familiares más directos; de tal forma que la información objetiva y detallada acerca de lo que implica tener dicha enfermedad puedan proporcionarles fe, voluntad y convicción de que el proceso de padecer cáncer no tiene por qué implicar, siempre, unas trágicas consecuencias. Por motivos personales, he tenido la necesidad de interesarme por esta enfermedad, al tener una relación muy directa con las consecuencias que aún tiene en la población infantil de Bielorrusia la catástrofe nuclear de Chernóbil, que contaminó 160.000 kilómetros cuadrados de terreno y que afectó directamente a más de 375.000 individuos. Pero aún hoy existen miles de personas -sobre todo la población infantil- que padecen diferentes tipos de enfermedades como consecuencia de aquel terrible accidente, entre las que se encuentran las fiebres reumatoides, la leucemia y el cáncer de tiroides, como consecuencia del debilitamiento del sistema inmunológico causado por la radiaciones y que, por desgracia, perdurarán aún por varias generaciones más. Muchos de estos niños padecen y sufren anemias periódicas y progresivas fatigas, dolores de cabeza, dolores en las articulaciones y fiebre. Pero, por suerte, y gracias al avance actual de la medicina, y a un seguimiento continuo que conduce a un diagnóstico precoz, cerca del 75% de estos casos, y siempre que se les suministre el tratamiento y la atención adecuados, pueden evolucionar favorablemente. Se puede, por tanto, sobrevivir al cáncer y llevar una vida productiva. Es más, sería conveniente romper con el mito y la idea de que dicha enfermedad es sinónimo de muerte, y difundir, en cambio, la imagen de que el cáncer puede prevenirse, tratarse y, por consiguiente, curarse. Gracias a Dios, disponemos en la actualidad de una sociedad científica comprometida con la necesidad de investigar, formar e informar a los distintos colectivos implicados; y, sobre todo, en el hecho de insistir en la necesidad de activar la prevención primaria del cáncer proponiendo objetivos claros como el apoyo al paciente y a sus familiares; dar una información más realista y positiva de los avances médicos en la rama de la oncología obtenidos hasta la fecha; resaltar la importancia del diagnóstico precoz; insistir en que la sociedad en general y, sobre todo, la población infantil y juvenil mantengan unos determinados hábitos saludables de vida: comer sano, hacer ejercicio físico, evitar en lo posible el tabaco y el alcohol, no saltarse el calendario de vacunas?; y, también hacer hincapié en que, hoy en día, España es uno de los países más avanzados del mundo a nivel oncológico; por lo que sería necesario y conveniente no sólo desmitificar el concepto terminal de la enfermedad, sino la acción misma de quienes aún piensan que, por el mero hecho de salir al extranjero, van a encontrar mejor solución a su mal que el que puedan hallar aquí en España. La información veraz y el conocimiento por parte del enfermo de su situación sanitaria, al menos hasta donde éste esté dispuesto a conocer, es fundamental para lograr una evolución saludable y sin traumas de la enfermedad; en definitiva, y siempre que esté capacitado para ello, es el enfermo quien debe tener plena autonomía para tomar y adoptar sus propias decisiones. Pero es necesario no olvidar en situaciones difíciles -y el estar enfermo de cáncer sin duda lo es-, el papel de la familia, manteniendo en lo posible su propio rol. Es quien, en definitiva, constituye la base para mantener la paz y el equilibrio necesario para combatir el miedo y la incertidumbre que generalmente abate al paciente. No obstante, es necesario insistir en la necesidad de afrontar el cáncer desde una visión nueva, abierta y realista; basada en una realidad aplastante y que pone en evidencia, hoy más que nunca, que el cáncer es una enfermedad curable; y los continuos testimonios de las personas -famosas y anónimas- que han superado la enfermedad es el mejor ejemplo de ello. El futuro permanece abierto. No enterremos, pues, la esperanza.

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